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Publicado 9 jun 2026

Solarpunk Review – Construyendo un futuro mejor, isla a isla flotando

Solarpunk ofrece una visión fresca del género de supervivencia, cambiando el combate por agricultura, automatización y sistemas de energía sostenible. Sus islas flotantes, su atmósfera relajante y su progresión satisfactoria lo convierten en una gran opción para quienes quieren construir más que pelear.

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Solarpunk Review – Construyendo un futuro mejor, isla a isla flotando

Energía. Cambio climático. Dependencia de materias primas. Problemas que, hace apenas unos años, interesaban sobre todo a especialistas, hoy forman parte de nuestra vida diaria. También en los videojuegos. Solo hace falta una crisis para que salga a la luz lo frágil que puede ser el funcionamiento de la sociedad moderna. La energía renovable, la autosuficiencia energética y la sostenibilidad se han integrado de lleno en nuestras rutinas. Y, precisamente, en el cruce entre la tecnología, la ecología y visiones optimistas del futuro es donde nació el movimiento y el género solarpunk.

A diferencia de cyberpunk, que muchas veces retrata el futuro como un lugar sombrío dominado por corporaciones, el solarpunk apuesta por una idea distinta: el progreso no tiene por qué ir en contra de la naturaleza. El juego Solarpunk de Cyberwave Studio se construye justo sobre ese planteamiento: aquí, en lugar de luchar contra monstruos o salvar el mundo, construyes tu propio hogar y te mueves entre islas flotantes. Cultivas cosechas, generas energía con el sol y el viento, exploras los alrededores y, paso a paso, amplías tu pequeña granja. Suena agradable, incluso esperanzador, ¿no? La pregunta, eso sí, es si el juego consiguió enamorar con algo más que su atractiva visión. Y como geóloga ambiental en formación, tenía muchas ganas de descubrirlo.

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Creando el mundo y eligiendo el tipo de mundo
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Una experiencia totalmente relajada y sin enemigos naturales

Gracias a su enfoque, Solarpunk se siente como un indie esencial en el mejor sentido. No nació en un estudio enorme con un ejército de desarrolladores, ni es un juego que intente impresionar con cinemáticas o giros de trama épicos. Es un proyecto más pequeño, construido alrededor de una sola idea clara. Ofrece un mundo abierto formado por varias islas flotantes entre las que te desplazas poco a poco, descubriendo nuevos recursos y ampliando tus opciones. Aunque a primera vista pueda parecer otro survival más, tras unas horas queda claro que el equipo de desarrollo ha tomado una dirección ligeramente distinta a la de la mayoría de la competencia.

El comienzo, eso sí, se siente familiar. Recolectas ramas, piedras y otros materiales básicos. Creas tus primeras herramientas, construyes mesas de trabajo y tratas de asegurar comida y agua potable (con melón flawor). El juego te orienta con suavidad al principio, pero relativamente pronto te deja apañártelas por tu cuenta. Poco a poco levantas una granja, cultivas cosechas y desbloqueas nuevas tecnologías que hacen más fáciles tus tareas diarias. Sin embargo, en lugar de minería infinita y expansión industrial sin cabeza, Solarpunk apuesta por una gestión sostenible. Cortas árboles, sí, pero también los plantas de nuevo. Obtienes energía de fuentes que no dejan un rastro de destrucción a su paso. Y ahí fue donde noté su mayor cambio respecto a los “primos” del género.

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¿Quién va a querer este juego y a qué otros títulos te recuerda?

Mientras muchos survival se apoyan en una sensación constante de peligro, Solarpunk toma el camino contrario. Aquí no vas a encontrar enemigos agresivos, incursiones en la base ni combates por sobrevivir. Está mucho más cerca del ambiente tranquilo de Minecraft, pero con un espíritu más creativo; de la libertad de construcción de Raft; o de la calma agrícola de Stardew Valley. Al mismo tiempo, sin embargo, mezcla sus propias ideas en forma de redes de energía, automatización y un enfoque ecológico para desarrollar tu base. En algunos momentos incluso me recordó a Satisfactory, aunque aquí, en vez de fábricas enormes y chimeneas humeantes, buscas crear un ecosistema autosuficiente que funcione en armonía con su entorno. En nuestra video review, incluso lo comparamos con Subnautica.

Esto también deja bastante claro para quién está pensado el juego. Si esperas acción sin parar, adrenalina y una carrera contra el tiempo típica del survival, Solarpunk probablemente no te termine de encajar. Al contrario, los jugadores que disfrutan construyendo, planificando y mejorando poco a poco su pequeño reino virtual sacarán el máximo partido. Es un juego para gente que puede pasar una hora ajustando su granja, buscando una fuente de energía más eficiente, o diseñando una acogedora casa con vistas a las nubes. Solarpunk no intenta apurar al jugador: le da libertad.

Y como el término “acogedor” suele evocar, hoy en día, partidas más simples y menos exigentes, Solarpunk demuestra que ir más despacio no tiene por qué significar una experiencia superficial. En lugar de combate, genera tensión a través de la gestión de recursos, el clima y los sistemas de energía, y si esta planificación te relaja o te frustra depende en gran medida de tu personalidad.

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Cofre de botín en el tutorial

Entre nubes y vegetación

Uno de los mayores atractivos de Solarpunk, sin duda, es su mundo. Las islas voladoras envueltas en vegetación crean un fondo agradable que encaja a la perfección con el ritmo relajado del juego. Al principio, me apetecía explorar nuevos lugares y buscar los recursos necesarios para avanzar. Sin embargo, cuanto más tiempo pasaba en él, más claro se volvía que las islas por separado funcionan principalmente como depósitos de materiales nuevos.

Tras explorarlas a fondo, a menudo no hay demasiados motivos para volver. Aunque el mundo resulta invitante y visualmente atractivo, le faltan sorpresas, lugares interesantes o eventos que sostengan una sensación duradera de descubrimiento. Así, Solarpunk ofrece un lugar agradable para vivir, pero no siempre es un sitio lo bastante interesante como para explorarlo a fondo.

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Un árbol talándose con un dirigible de fondo

Si buscas una historia, diálogos o personajes más distintivos, estás en el lugar equivocado. Solarpunk prácticamente prescinde por completo de la narración y centra toda su atención en la exploración real, la construcción, la agricultura y la automatización. La creación de personajes sigue el mismo (y prácticamente inexistente) espíritu: eliges entre unas pocas opciones como el tipo de cuerpo, el tipo de pelo, etc., y listo.

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Creación de personaje
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Una vida tranquila sin espada en la mano

Si hay un aspecto sobre el que Solarpunk se sostiene (o cae) es su jugabilidad relajada. Desde los primeros minutos queda claro que los desarrolladores han elegido un ritmo más calmado y construir una vida autosuficiente en lugar de una lucha constante por sobrevivir. Empiezas reuniendo recursos, creando tus primeras herramientas y asegurando comida y agua. Tras una breve introducción, el juego te suelta a tu curiosidad, y ahí es cuando todos sus sistemas empiezan a funcionar de verdad.

El corazón de la jugabilidad es el desarrollo paso a paso de tu base. Cultivas cosechas, desbloqueas nuevas tecnologías y montas una infraestructura energética alimentada por el sol, el viento o el agua. Paneles solares, baterías y riego automático no se sienten como añadidos, sino como una parte natural de tu progresión. Cuanto más eficientemente logres conectar los distintos sistemas, mayores serán las recompensas que te ofrece el juego.

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Regando las flores al atardecer

Sin embargo, no todo funciona a la perfección. A medida que pasan las horas, empieza a aparecer una cierta repetitividad. Descubrir islas nuevas al principio trae una sensación de aventura, pero más tarde muchas veces se convierte en la rutina de reunir otra clase más de mineral o planta necesaria para desbloquear la siguiente parte del árbol tecnológico. Además, algunos procesos se ralentizan innecesariamente con esperas para fabricar objetos, para que crezcan las cosechas o para procesar materias primas. Si bien al principio es una forma agradable de relajarte, luego me encontré esperando una y otra vez a que terminara el siguiente paso.

A pesar de eso, disfruté la jugabilidad más de lo que esperaba al principio. Solarpunk puede que no sea revolucionario, y en muchos aspectos sigue caminos ya transitados del género survival, pero la manera en que los combina en un todo ecológico resulta sorprendentemente bien. Si te adaptas a su ritmo tranquilo y no intentas jugarlo como un survival clásico lleno de acción, te recompensará con una experiencia muy agradable.

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Desarrollo gradual de la infraestructura y los sistemas de energía

Una gama sorprendentemente amplia de opciones de construcción y clima cambiante

Los controles, por sí mismos, son sencillos e intuitivos: desde abrir el inventario y usar objetos hasta construir prácticamente cualquier cosa. Puedes decidir qué construir y dónde, además de cómo orientar los bancales de cultivo o dónde colocar paneles solares. Cuando construyes estructuras grandes o complejos enteros, también es un punto a favor ver que los desarrolladores se han esforzado en ofrecer una gran variedad de piezas para que puedas personalizarlo todo según tus preferencias.

En cuanto a la investigación, es igual de intuitiva que el sistema de controles, y el juego te guía hacia lo que necesitarás y cómo lograrlo. Y en medio de todo esto, no olvides el clima cambiante, que es el alfa y la omega del juego: además de quedarte sin energía o sin recursos, también existe la posibilidad de que, por ejemplo, te caiga un rayo y dé al traste con tus planes. Quien no se lo crea puede coger un pico y subir a la montaña más alta de la zona durante una tormenta. Y quizá encuentre suerte en la desgracia… o al revés.

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Amplias opciones para la construcción

El dirigible como símbolo de libertad y el gran punto de la experiencia

Uno de los momentos más disfrutables de todo el juego llega cuando por fin te elevas al cielo, rompiendo las limitaciones de la isla de inicio. Pero primero tienes que ganarte el dirigible. Lo montarás a partir de los restos de una máquina estrellada y de los primeros componentes avanzados que vas fabricando a medida que avanzas por la partida. A partir de ese momento, se abre ante ti el camino hacia otras islas, nuevos recursos y tecnologías. No es solo un medio de transporte, sino uno de los pilares principales del progreso: sin expediciones regulares no podrías avanzar.

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Construyendo tu propio dirigible

El propio acto de volar encaja perfectamente con la filosofía de Solarpunk. Olvídate del desplazamiento rápido o de moverte automáticamente entre puntos del mapa. Viajar entre islas requiere un poco de paciencia y una buena dosis de precaución al aterrizar. En ocasiones sentí que el juego ralentizaba el ritmo a propósito para que el jugador fuera más consciente de las distancias entre ubicaciones. Para algunos puede ser una demora innecesaria, pero para mí tenía sentido. Aquí, el viaje pasa a formar parte de la experiencia, no solo el descanso obligatorio entre dos tareas. Y, por supuesto, el dirigible es una de las opciones de vuelo más respetuosas con el medio ambiente.

El dirigible también refuerza muy bien la sensación de crecimiento constante. Con cada mejora te alejas más de tu isla de origen y descubres nuevos tipos de cultivos, animales y recursos más raros. Aunque más adelante el juego empiece a tropezar con el problema de las actividades repetitivas, el sistema de exploración que aporta el dirigible es uno de sus elementos más logrados. Añade un toque de aventura al mundo y, al mismo tiempo, refuerza la impresión de que construyes tu pequeña civilización ecológica paso a paso con tus propios esfuerzos.

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Volando hacia otra isla igual de bonita

Un entorno agradable que no intenta impresionar

Visualmente, Solarpunk captura a la perfección lo que pretende ser. En lugar de perseguir el fotorealismo, apuesta por un estilo más simple y colorido que refuerza la atmósfera tranquila de las islas flotantes. La vegetación exuberante, los horizontes abiertos y las cabañas hechas a mano crean un paisaje agradable en el que es fácil desconectar un momento y simplemente disfrutar de la vista del mundo que queda debajo. Eso sí, también hay que admitir que el juego no asume demasiados riesgos visuales. Algunos entornos empiezan a sentirse parecidos con el tiempo, y hasta los animales y el resto de objetos parecen menos vivos de lo que este enfoque merecería. Por suerte, la parte técnica está muy cuidada. Durante la partida solo encontré errores menores y algún fallo puntual en interacciones, y eso no empañó la experiencia de manera importante.

El apartado de audio sigue una línea similar. La banda sonora se queda en segundo plano y no intenta llamar la atención sobre sí misma. En vez de melodías memorables, crea un telón musical sutil que acompaña al sonido del viento, la lluvia y el resto de sonidos ambientales. Funciona exactamente como debería, pero al mismo tiempo es uno de esos aspectos que seguramente no recordarás durante mucho tiempo después de terminar el juego. Y, al final, eso no me molestó: al contrario.

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Vida de granja en su máxima expresión

Conclusión: 8/10

En pocas palabras: Solarpunk no será del gusto de todo el mundo, algo que los propios desarrolladores reconocen al ofrecer un resumen rápido de para quién está pensado el juego. Evitar una compra impulsiva es simplemente mejor que tener que lidiar con críticas negativas por parte de jugadores descontentos. Solarpunk no ofrece combates épicos, una historia cinematográfica ni un mundo infinito lleno de atracciones en cada isla. En lugar de eso, se apoya en la planificación paciente y en la satisfacción de construir poco a poco algo propio. Y ahí es precisamente donde está su mayor fortaleza. Cuando todos los sistemas encajan en un todo que funciona de verdad —la granja prospera, las baterías cargan, las máquinas arrancan y el dirigible se pone rumbo a otra aventura— el juego te da una sensación de logro muy satisfactoria.

Sí, el mundo podría ser más vivo, la exploración más variada y las tareas repetitivas empiezan a sentirse más tediosas con el paso del tiempo. Aun así, a menudo me sorprendía a mí mismo diciendo el típico “solo termino una cosa más y ya está”, seguido de otra hora construyendo, cultivando o mejorando la base. Para ser una producción indie, es un proyecto sorprendentemente amplio, con muchas opciones, una filosofía encantadora y una jugabilidad capaz de engancharte durante decenas de horas. Si buscas un survival pacífico y sin violencia que te permita construir tu propio trocito de utopía ecológica entre las nubes, Solarpunk es uno de los proyectos más excepcionales de los últimos años. Un 8/10 está más que merecido en este caso.

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